De la zaga "Marcas Zombie": cómo detectar si te convertiste en una
En el primer capítulo de esta historia hablamos de las marcas zombie: esas que se mueven, publican y hacen campañas, pero por dentro no tienen estrategia ni diferenciación de marca. Hoy vamos con la segunda parte, más incómoda: cómo saber si la tuya ya se convirtió en una, vista desde los ojos del cliente y no desde el entusiasmo del equipo interno.
Síntoma 1: tu discurso suena a plantilla
Si tu web, tu brochure y tu perfil de LinkedIn repiten “calidad”, “experiencia”, “servicio personalizado” y “soluciones integrales”, estás jugando en la liga zombie. Desde fuera se siente como si alguien hubiera copiado el texto estándar del sector y pegado tu logo encima. No hay rastro de un ADN de marca propio, ni de una mirada diferente del mercado. Solo frases correctas que podrían ser de cualquiera.
Síntoma 2: prometes mucho, demuestras poco
Otro clásico es el de las promesas infladas y falta de diferenciación de marca: somos líderes, somos innovadores, somos aliados estratégicos. Muy bien. ¿Y dónde se ve? Cuando la promesa no viene acompañada de casos, procesos, metodologías o resultados, el cliente lo percibe como humo elegante. Una marca poderosa no necesita gritar que es única; lo demuestra en cómo trabaja, cómo cuenta lo que hace y qué evidencia pone sobre la mesa.
La peor marca zombie no es la que se ve mal, es la que se ve igual que todas.
Síntoma 3: eres una persona distinta en cada canal
Si tu marca habla solemne en la web, distendida en redes, técnica en las reuniones y confusa en las presentaciones internas, lo que el cliente percibe es simple: falta de claridad. No hay una voz única, no hay coherencia. Eso indica que la construcción de marca comercial y personal de tus voceros no está alineada con el relato corporativo. Una marca viva suena igual de reconocible en todos lados; una marca zombie cambia de tono según quién tocó la pieza.
Síntoma 4: nadie entiende tu portafolio
Cuando tu oferta parece “catálogo de supermercado” y no sistema ordenado, tienes un problema de diferenciación de marca. Demasiados servicios, demasiadas líneas, demasiadas excepciones. El cliente se pierde tratando de entender qué haces realmente mejor que otros. Y cuando se pierde, hace lo más lógico: elige a quien se explique mejor, aunque técnicamente no sea tan completo. La diferenciación de marca también se construye dejando claro qué es lo esencial y qué es accesorio.
Una promesa sin evidencia no construye posicionamiento; solo alimenta la desconfianza silenciosa del cliente.
Síntoma 5: tu contenido corre detrás de la moda
Si revisas tu feed y ves una secuencia de “feliz día de…”, tendencias, IA, frases inspiradoras y alguna foto de equipo, pero cuesta encontrar una idea propia, bienvenida al universo del contenido zombie. Publicas por calendario, no por estrategia. No hay una narrativa que conecte tus publicaciones con tu posición en el mercado. Desde afuera se ve actividad, sí; pero no se ve dirección.
Síntoma 6: nadie sabe explicar en qué te diferencias
Esta es la prueba definitiva. Si después de ver tu web, tu contenido y escuchar tu pitch, el cliente no puede responder claramente “¿en qué se diferencia esta empresa de otras tres que hacen lo mismo?”, entonces la marca está caminando sin cerebro. Tal vez tengas buenos productos, buen equipo y buenos valores, pero sin una diferenciación de marca explícita y defendida, todo eso se diluye.
Cuando el contenido es reactivo, la marca no lidera la conversación: solo se limita a seguir el ruido.
Cómo dejar de ser una marca zombie
La salida no pasa por otro rediseño de logo ni por un nuevo eslogan brillante. Pasa por hacer el trabajo que casi nadie quiere hacer: definir con honestidad tu ADN de marca, ordenar tu arquitectura de marca, alinear la construcción de marca comercial y personal de quienes la representan y, a partir de ahí, diseñar una estrategia de comunicación que cuente una historia propia, coherente y demostrable.
